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Inventos brillantes. Cómo combatir la Malaria

Inventos brillantes. Cómo combatir la Malaria

¿Has jugado alguna vez con un whirligig? ¿Te imaginas un microscopio de cartulina? ¿Sabías que ambos pueden combatir la malaria?

El estudio y análisis de este simple mecanismo ha sido fuente de inspiración para Manu Prakash (profesor de Bioingeniería en la Universidad de Stanford) y su equipo de laboratorio, a quienes se atribuye la reciente invención del Paperfuge y del Foldscope, mecanismos destinados a combatir la malaria.

Paperfuge
Paperfuge
Foldscope
Foldscope

Hace poco más de dos años, el PrakashLab diseñó una alternativa low-cost de los microscopios tradicionales que llamaron Foldscope y comenzaron a distribuir por diferentes partes del mundo. Combinando y produciendo estos dos inventos por tan solo 68 centavos de dólar, hoy en día es posible diagnosticar a tiempo la malaria en cualquier parte del mundo.

Foldscope, un mecanismo que con un coste reducido puede combatir una de las enfermedades que más muertes ocasiona anualmente.
Foldscope, un mecanismo que con un coste reducido puede combatir una de las enfermedades que más muertes ocasiona anualmente.

Pero… ¿Cómo es posible todo esto? ¿Qué es exactamente un Foldscope?

Foldscope nace con el propósito de salvar vidas en países tercermundistas afectados por enfermedades que son fácilmente prevenibles con pruebas médicas hechas a tiempo. Incluye también una democratización de la ciencia mediante el desarrollo de herramientas científicas que puedan estar a la altura de problemas relacionados con la salud mundial y la educación científica y que, por lo tanto, deben estar sujetas al alcance de todos.

A la hora de concebir el diseño, el reto del PrakashLab ha sido poder producir de manera casi gratuita. El resultado: un microscopio ideado con los principios del Origami, sus componentes se imprimen  en cartulina DIN-A4 (aprovechando por completo la superficie del papel para optimizar costes de producción y distribución)  y con un precio que oscila entre 0,45 y 0,55 dólares.

El Foldscope conserva su eficiencia aun habiendo sido aplastado repetidas veces; capaz de aguantar caídas desde un tercer piso, cabe en un bolsillo, es sumergible y no llega a los 10 gramos, por lo tanto, es extremadamente ligero y cómodo para ser transportado en cualquier tipo de circunstancia. Se trata de una solución atractiva  frente al común concepto de microscopio pesado, frágil, costoso y complicado de trasladar.

En la estampa se habilita un código de colores para doblar y ensamblar las piezas con facilidad, evitándose el utilizo de un manual con instrucciones en varias lenguas y empleando de esta forma un lenguaje universal.

Foldscope alrededor del mundo gracias al Prakash Lab
Foldscope alrededor del mundo gracias al Prakash Lab

Costa de una lente capaz de alcanzar los 2.000 aumentos con una resolución de 800 nanómetro; los creadores destacan la posibilidad que ofrece el invento de proyectar sobre la pared una amplificación completa de los ejemplares que se examinan (también pueden observarse a través de un visor que viene incorporado o  utilizándose la cámara del móvil) una vez que se ha introducido en el aparato el clásico soporte de muestras.

Además, no necesita fuentes de electricidad para ser utilizado (otro punto de inflexión con los microscopios tradicionales) ya que viene incorporada una pila de botón con una autonomía de 50 horas. Esta particularidad es extremadamente ventajosa para cumplir con la intención de poder servirse del producto en cualquier parte del mundo.

Manu Prakash probando el invento
Manu Prakash probando el invento

Bien, pero antes os hemos mencionado el Paperfuge, ¿y este mecanismo qué hace?

La idea del Paperfuge comienza a arraigar a principios del 2016 cuando Saad Bhamla, miembro de la PrakashLab, estudia el movimiento del juguete de su infancia en la India, el whirligig  (del que ya hemos hablado al principio) para reinventar el concepto de centrifugadora.

Paperfuge y su mecanismo de centrifugado
Paperfuge y su mecanismo de centrifugado

A simple vista podría confundirse con un  juguete rudimentario, sin embargo, su existencia supone un antes y un después en el mundo de la ciencia y medicina. Hasta hace poco más de dos meses, el uso de las centrifugadoras ha sido imprescindible en todos los laboratorios del mundo para poder acelerar la sedimentación de  los componentes de las muestras biológicas y dar así los primeros pasos para diagnosticar enfermedades como la malaria o HIV.

Manu Prakash con el Paperfuge
Manu Prakash con el Paperfuge

Este tipo de maquinaria industrial ha sido completamente inaccesible en muchos entornos por la necesidad de fuentes de alimentación eléctricas, sus grandes dimensiones y peso y, sobretodo, por su elevado coste. Aunque Prakash y su equipo no han sido los primeros en indagar una solución a este problema (George Whitesides en Harvard ya había intentado utilizar una batidora de huevos para centrifugar muestras), este mecanismo es el primero que no requiere electricidad, maquinaria complicada ni piezas de recambio.

El punto de partida era diseñar una centrifugadora asequible pero potente, ligera y fácilmente transportable. Basándose en estos principios, tras improductivas pruebas con  yo-yos (que no alcanzan la velocidad de giro necesaria), nace Paperfuge, un mecanismo de propulsión manual, capaz de alcanzar velocidades de hasta 125.000 rpm y de separar el plasma puro en muestras biológicas como sangre, orina y heces en tan solo un minuto y medio, aislando también los parásitos de la malaria  en 15 minutos.

Explicación de cómo funciona el paperfuge
Explicación de cómo funciona el paperfuge

Su precio es inferior a los 20 centavos de dólar, se compone por dos discos de papel (en cuyo interior se introduce la probeta),  un trozo de tanza de pescar que los atraviesa por el centro y un par de agarraderas fabricadas con madera o PVC.

Os dejamos un video muy interesante en el cual se muestran estos dos inventos combatiendo la malaria.

Los Mods muestran un gusto musical sofisticado para la época, desde jazz moderno a otros ritmos de blues y bluebeat, hasta soul afroamericano, ska jamaicano…

¿Qué vino antes, música o moda?

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