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Sobre la profesión de diseñador

Sobre la profesión de diseñador

Está claro que todos los productos que nos rodean han pasado previamente por un proceso de diseño y desarrollo, desde el coche que usamos hasta la silla en la que nos sentamos, en el cual la figura del diseñador juega un papel fundamental. Todo esto requiere de diferentes procesos de creación y desarrollo de productos que el propio diseñador decide. Pero, ¿y si los diseñadores perdieran la motivación? ¿y si no vieran recompensado su trabajo y se negaran a seguir creando?

El diseño, es una de las principales herramientas para desarrollar la innovación en el mundo de la producción. Un diseño nuevo, diferente, funcional, que haga progresar, un diseño que tenga una finalidad. En definitiva, un diseño que requiere un proceso creativo y una inversión económica por parte del diseñador.

Es innegable que el diseñador debe recibir unos derechos y ventajas como recompensa por su trabajo. Al igual que un médico, además de su salario, recibe un agradecimiento sincero por parte de los familiares o el propio paciente; un diseñador necesita sentir que su producto gusta, que se valora el tiempo que ha empleado en crearlo.  ¿Qué menos que tu trabajo sea reconocido como digno y que no sea menospreciado? ¿Qué menos que tener la libertad de plasmar tu personalidad en él?

Sin embargo, es mucha la gente que ve el diseño industrial como estética pura, algo inútil y prescindible. No podemos dejar que esto nos mine, si nosotros no apreciamos nuestras creaciones e ideas, entonces ¿quién lo hará? Debemos aprender a no desmoralizarnos cuando un producto no es tan exitoso o no tiene la aceptación que esperábamos.

Un papel importante para mantener esta mentalidad positiva lo juegan las personas con y para las que trabajemos, así como el camino laboral que decidamos seguir. Por ello, aquí van algunas de las opciones de empleo que podemos elegir seguir como diseñadores.

Lo  primero que se nos viene a la cabeza, es trabajar para una empresa a cambio de un salario fijo. Esta nos contrata y nos presenta una serie de problemas que debemos solucionar. En otras ocasiones, es la misma empresa la que nos define el producto a producir y simplemente debemos diseñarlo ciñéndonos al briefing o plan de diseño (documentos y condiciones a los que el diseñador se compromete). Posteriormente, es la empresa quién se encarga de introducir los productos en el mercado.

Por otro lado, podemos trabajar de forma autónoma (freelance). Somos nuestros jefes. Nosotros diseñamos, nosotros decidimos. ¿Suena bien, verdad?  Así mismo, debemos recordar que somos también nosotros quienes buscamos clientes y quienes tenemos que vender nuestros productos, en definitiva, los responsables de que todo salga correctamente. Encuestas demuestran que aproximadamente un 58% de los diseñadores que trabajan para una empresa, han complementado su labor con algún proyecto que se le ha encargado, o que han querido llevar a cabo de forma autónoma.

Estos son los dos caminos más conocidos, sin embargo algunos diseñadores deciden seguir otros, por ejemplo, trabajar como ‘freelance’ a base de ‘royalties’.

Los royalties son el porcentaje de dinero que recibe un diseñador a cambio de que una empresa pueda hacer uso de su producto. En este caso, el diseñador trabaja de forma autónoma y  si alguna empresa muestra interés por alguna de sus creaciones, le permite que la produzca y comercialice con ella a cambio de un tanto por ciento del dinero obtenido por dicha empresa.Estos royalties son muy beneficiosos para que los inventores hagan públicas sus creaciones, incluso si no tienen los recursos económicos necesarios para producirlas. Ahora bien, tenemos que tener en cuenta que el porcentaje máximo de royalties que recibiremos es del 25% de los beneficios brutos de la empresa por la venta de nuestro producto, aunque generalmente ronda en torno a un 10%. Además, debemos saber que los royalties dependen de las ventas, es decir, no por haber negociado un porcentaje alto de estos, obtendremos grandes ingresos.

La confianza que el diseñador debe depositar en la empresa es muy grande, por lo que estaremos al tanto para evitar ser víctimas de algún engaño. Por ejemplo, jamás debemos permitir que los royalties se basen únicamente en los beneficios netos de la empresa, ya que es fácil manipular los costes de fabricación, para alegar que no ha habido beneficios.

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Finalmente, hay numerosos diseñadores que se ganan la vida presentándose a distintos concursos de diseño, como pueden ser el BraunPrize, Eletrolux Design Lab o Red Dot.

Ganar un premio es una de las formas más gratificantes de conseguir reconocimiento profesional y promoción para diseños y productos. Los certámenes internacionales son escaparate de un sector en constante innovación y con una competitividad muy alta en el que la obtención de premios se traduce en ventaja sobre la competencia y aumento de las ventas. A pesar de todas las oportunidades de las que dotan al diseñador, tenemos que tener en cuenta que la cantidad de ideas innovadoras de todos los concursantes con las que los organizadores del concurso vuelven a sus empresas, tienen un valor incalculable. Un ejemplo muy claro de esto es el ‘One Day Design Challenge’ de Roca. En este concurso, numerosos diseñadores industriales se pasan el día desarrollando innovadoras ideas relacionadas con el espacio del cuarto de aseo. Al final del día, un único equipo ganador recibe un premio de 2000€, pero las ganancias no monetarias de la empresa son, como ya hemos dicho, mucho mayores.

Sea cuál sea el camino que escojamos, nuestro objetivo principal debe ser disfrutar de lo que hacemos, diseñar cosas con las que nos sintamos cómodos, que nada ni nadie nos coaccione. Nuestra labor jamás será monótona, cada día trae nuevos retos, problemas que resolver y proyectos en los que volcarnos. Es por esto, por lo que tenemos que sentirnos afortunados y orgullosos por hacer lo que hacemos.

 “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida” Confucio.

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