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Un diseño para todo

Un diseño para todo


“¿Sabéis qué diferencia hay entre un bróker y un ingeniero? El bróker es una persona que vive en un cambio constante, los indicadores más susceptibles varían a un ritmo de menos de un segundo. Por el contrario, los ingenieros buscamos algo que funcione en todos los lugares posibles, cuanto más general sea algo, más felices estaremos.”


Si analizáramos todas las formas de todas las cosas que han existido y que todavía existen, encontraríamos que un patrón en concreto se repite más que los demás. Gran mayoría de los artistas han considerado dicha forma como un canon de belleza, es más, dónde mejor se puede apreciar es en la naturaleza. La primera pregunta que surge ante esto es, ¿por qué? Aunque la pregunta importante sería, ¿existe un diseño para todo?

En el mundo de las matemáticas existe una sucesión numérica muy singular y una forma geométrica asociada a ella: “Fibonacci y su espiral áurea”.

Dicha sucesión arroja el número áureo, cuya relación es 1=1’618.
Dicha sucesión arroja el número áureo, cuya relación es 1=1’618.

Este simple concepto es el que la naturaleza ha escogido para diseñar todo lo que nos rodea. Un gran número de investigadores lleva un tiempo preguntándose el motivo de este patrón. Por qué se rige por una razón matemática y no por libre albedrío. La respuesta a esta pregunta es una solución sencilla para un problema complicado.

Un girasol. Una forma de vida aparentemente simple, su mayor problema es conseguir el mayor número de estambres para asegurar su polinización. Como si de un matemático se tratase la flor formuló y resolvió su problema de optimización. Diseñando una distribución de estambres que seguía la proporción áurea. El girasol no es un caso aislado, debido a la tendencia vegetal a este tipo de patrones, al fenómeno se le denominó filotaxia. Como, por ejemplo, algunos cactus o la mayoría de las flores.

Estambres de un girasol.
Estambres de un girasol.

Esto ocurre también en el mundo animal. El ADN, la cadena de información que define la genética y, por tanto cómo seremos, tiene una forma helicoidal siguiendo la proporción áurea debido a que así se pueden almacenar más cromosomas en menos espacio. Cabe destacar los avances realizados junto a las investigaciones de un animal prehistórico, llamado nautilus, que giraban en torno al diseño de las conchas de los moluscos. También tomaron parte algunas algas y la forma de los poros de nuestra propia piel. En dichas investigaciones se encontró una espiral logarítmica tridimensional, a través de la cual el vapor de agua se escapa. En este tipo de estructura, gracias a pruebas basadas en la dinámica de fluidos, el flujo de los líquidos y gases tiene mucha menos fricción y más eficiencia.

Algunos ejemplos de las aplicaciones de este concepto pueden ser el diseño de ventiladores, hélices o rotores. Además, se ha demostrado que la utilización de esta tecnología puede reducir el consumo de energía y el ruido de funcionamiento.

Morfología de la concha de un nautilus
Morfología de la concha de un nautilus

Con la llegada de los avances en impresión 3D y las nuevas carreras destinadas al diseño, se aproxima a dominar la proporción áurea y sus aplicaciones.

Podemos ver esto mismo en el gran trabajo del prestigioso profesor John Edmark. Consistió en la impresión de figuras conocidas como zoótropos, siguiendo a Fibonacci y su famoso número. Para ver dichas figuras en su máximo esplendor, se deben ver bajo luz estroboscópica girando acompasada a ella, con la característica de que la figura haya rotado 137.5 grados (el ángulo dorado) con cada destello de la luz.

Esto es lo teórico, sin embargo, al llevarlo a la práctica, se realizó de forma más precisa, poniéndonos técnicos, la cámara de la filmación debía grabar con una velocidad de obturación de 1/4000 seg., que es el equivalente de la luz estroboscópica. Toda esta parafernalia crea un efecto óptico precioso, el cual da la sensación que la figura tiene vida propia.

Otro ejemplo sería la industria de la publicidad, las empresas dedicadas a dicho sector saben que el cerebro humano reacciona positivamente a diseños basados en la razón áurea. Aunque no nos demos cuenta, la mayoría de logos empresariales están construidos con dicha razón. Algunos ejemplos de estos logos son: Apple, Twitter, Toyota o Pepsi.

En el ámbito del diseño gráfico, es algo ya estandarizado. Incluso en la norma DIN, utilizada en el tamaño de los folios, podemos apreciar una cierta similitud con la sucesión de Fibonacci. Algunos diseñadores como Jan Tschichold en su libro “Die neue Typographie”, que pretendía estandarizar el diseño, ya estableció tamaños parecidos y proporcionales a la sucesión de Fibonacci dentro de sus estándares de papel. Incluso Google Design usa una norma parecida en el diseño de apps y sus propias webs.

Logo de Apple
Logo de Apple a partir de la proporción áurea

El mundo y la naturaleza nos sorprende cada día más. Evolucionamos con grandes avances en nuevas tecnologías. La magnitud que tienen estos descubrimientos es demasiado importante. Nadie podría haber imaginado que un solo patrón regiría lo más óptimo en cualquier diseño. La dificultad reside cuando tenemos que implementarlo en un sistema complejo en el que influyen más variables, en ese momento es cuando influye la creatividad.

 

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